Mi querido Destructor:
¿Recuerdas lo que te dije sobre las ideas? Sobre que no debíamos tenerlas miedo, sino que podíamos jugar con ellas, cambiarlas, descartarlas si no nos agradaban o abrazarlas si encontrábamos los argumentos que las sustentaban terriblemente sólidos…
Pues era mentira, las ideas deben ser destruidas. Todas y cada una de ellas. Desde nuestra opinión sobre la materia más sencilla hasta nuestra concepción de nuestra propia vida. Las personas deben ser amadas; pero las ideas deben ser destruidas, deben ser superadas. Puede ser a través de un conflicto dialéctico, haciéndolas colisionar con ideas radicalmente distintas o simplemente buscando los argumentos que fallan y explorando sus consecuencias. No hay idea tan hermosa que deba ser conservada, no sería justo para ella.
Piensa en la metafísica de Platón, definiendo la realidad creó una epistemología tan poderosa que podía decir Verdad con mayúsculas, acercarse a ella, y apresarla. Y la Verdad era el noúmeno. No hay nada más hermoso. Y sus argumentos, heredados de Parménides eran de una lógica tan pura que casi eran una mera tautología. Y sin embargo, Aristóteles lo hizo. Destruyó los argumentos con la idea del “cambio”, transformó las definiciones de realidad y de verdad. Había acabado con los argumentos de una de las ideas más hermosas de la humanidad. La había destruido. Y así es como debe ser.
No debemos conformarnos, no con las ideas. ¿A caso crees que el súperhombre de Nietzsche nació superhombre? De eso nada, debió convertirse en león y luchar a muerte contra un dragón dorado, y cada escama del dragón era un principio moral establecido. Y todos debían ser destruidos, para poder alcanzar una visión del mundo más pura, la visión de un niño…
”Has hecho del peligro tu profesión y por eso te enterraré con mis propias manos”. Debes luchar contra todo lo que crees, y ponerlo en duda. A eso se le llama decirle un SÍ gigante a la vida. Y nos llevará al precipicio. Y es entonces, en el borde del precipicio, cuando estaremos vivos.
¿Cómo no iba a desear que la vida me retase a cada instante? Teniéndote lejos, o desafiando lo que entiendo por amor… Yo elijo amarte, cada día de una forma distinta, elijo luchar contra todo lo que “debe ser de una manera”, contra todas las ideas.
Elijo estar vivo.





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